El ataque ucraniano contra un buque de carga iraní en el mar Caspio marca una nueva etapa en la fusión de la guerra de la OTAN contra Rusia con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Confirma la advertencia que David North hizo el Primero de Mayo de 2026: “La guerra mundial no es una amenaza futura, sino una realidad que se está desarrollando en este momento”.
La guerra mundial no surge a partir de una sola declaración. Se está desarrollando como un proceso: a través de la interconexión de guerras regionales, operaciones por terceros, sanciones, bloqueos, despliegues navales y ataques de largo alcance. La intervención de Ucrania contra un objetivo iraní pone de manifiesto este proceso de manera contundente.
El ataque con un dron de largo alcance ucraniano mató a un marinero e hirió a otro. Tenía como objetivo un buque de propiedad iraní, el Ana, en el mar Caspio —una masa de agua rodeada por Rusia, Irán, Azerbaiyán, Kazajistán y Turkmenistán, pero no por Ucrania—. Kiev afirmó que el barco transportaba drones y misiles hacia Rusia. Teherán denunció el ataque como una agresión contra un buque comercial.
El ataque pone al descubierto el fraude central de la propaganda en torno a la guerra de Ucrania. Durante años, las potencias imperialistas y sus medios de comunicación han presentado la guerra como una lucha puramente defensiva de Ucrania contra una invasión rusa «no provocada». Esta mentira se ha utilizado sobre todo en Alemania para justificar el mayor rearme desde Hitler y una renovada ofensiva militar contra Rusia.
La invasión de Ucrania por parte del Kremlin en 2022 fue reaccionaria. Fue la respuesta de un régimen oligárquico capitalista al implacable cerco y las provocaciones de la OTAN contra Rusia. Dividió a los trabajadores rusos y ucranianos, fortaleció a la OTAN y le dio a las potencias imperialistas un pretexto para la escalada. Pero no fue «sin provocación», ni cambia el carácter de la guerra que ahora libra la OTAN a través de su títere ucraniano.
El ataque de Ucrania contra un barco iraní lo deja muy claro. Una guerra supuestamente librada en defensa de la soberanía ucraniana ha dado lugar a un ataque ucraniano contra un buque iraní lejos de las fronteras de Ucrania, justo en el momento en que Estados Unidos e Israel están librando una guerra criminal de agresión contra Irán.
Los frentes de guerra no están separados. Se están conectando de manera consciente. Ucrania ya no es solo el títere de la OTAN contra Rusia; se está convirtiendo en una fuerza auxiliar en la ofensiva imperialista más amplia contra Irán y todos los Estados considerados obstáculos para el dominio estadounidense y europeo de Eurasia.
Esto deja al descubierto por completo a las tendencias de la pseudizquierda que afirman que la guerra de Ucrania es la “guerra buena” y que las de Gaza e Irán son las “guerras malas”. El propio Zelensky ha destrozado esta ficción. Ucrania no se mantiene al margen de la guerra de Estados Unidos e Israel en el Medio Oriente; está interviniendo activamente en ella. Apoyar la guerra de la OTAN a través de Ucrania mientras se denuncia el genocidio en Gaza o el ataque contra Irán es apoyar un frente de la misma ofensiva imperialista global.
Es imposible oponerse al genocidio en Gaza o a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y, al mismo tiempo, permanecer indiferente o apoyar activamente la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania. Zelensky lo ha dejado claro. Al atacar un barco iraní y presentar a Ucrania como útil para Washington en el conflicto con Teherán, Kiev está demostrando que está dispuesta a servir al imperialismo dondequiera que esto le asegure más armas, dinero y apoyo político. Ucrania se está ofreciendo como un perro de ataque de las potencias imperialistas.
Esta es la transformación de Ucrania en el Israel de Europa del Este: un puesto avanzado militarizado del imperialismo, armado hasta los dientes, dependiente de las finanzas y las armas imperialistas, que gobierna a través de fuerzas fascistas y es utilizado contra los enemigos estratégicos de Estados Unidos y Europa. Las afirmaciones de que Ucrania lucha por la «democracia» son un fraude. El régimen de Zelensky ha ilegalizado a los partidos de oposición, ha reprimido a los sindicatos independientes, ha prolongado el régimen de ley marcial, ha glorificado a los colaboradores nazis y ha encarcelado a los opositores socialistas a la guerra, incluido Bogdan Syrotiuk.
La prensa burguesa está comenzando a reconocer, de manera distorsionada, el proceso que desde hace tiempo ha analizado el World Socialist Web Site. El Financial Times citó el ataque ucraniano en el Caspio en una columna titulada «Ucrania, Irán y cómo las guerras regionales se vuelven globales». El Frankfurter Allgemeine Zeitung acogió con beneplácito el ataque como un mensaje no dirigido a Teherán, sino a Trump: Zelensky estaba demostrando que Ucrania y Estados Unidos tienen «los mismos enemigos» y que Kiev «no es solo un suplicante», sino que puede ser útil para Washington.
El ataque está siendo aplaudido en Alemania porque presenta a Rusia e Irán como un único complejo enemigo y vincula a Estados Unidos más firmemente a la guerra de Ucrania. Berlín teme que Trump pueda buscar un acuerdo por separado con Putin que reduzca la participación estadounidense y se oponga a los objetivos alemanes y europeos en Europa del Este y Eurasia. Su respuesta es intensificar la guerra y fusionar los frentes.
Alemania, Gran Bretaña, Francia y las demás potencias europeas han aprovechado la guerra de Ucrania para poner en marcha el mayor rearme desde la Segunda Guerra Mundial, reactivar el servicio militar obligatorio y transformar a Europa en una economía de guerra. También apoyan el ataque estadounidense-israelí contra Irán y el genocidio de Israel en Gaza. Sus diferencias con Trump no se dan entre la guerra y la paz, sino en torno al liderazgo, el momento oportuno, los costos y el botín.
Ucrania no está actuando como una fuerza nacional independiente. Su guerra de largo alcance contra Rusia ha sido respaldada políticamente, financiada, facilitada militarmente, apoyada tecnológicamente y coordinada estratégicamente por la OTAN, sobre todo por Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos. Sea cual sea la cadena de mando operativa precisa detrás del ataque en el Caspio, este se llevó a cabo dentro de este marco más amplio de guerra de la OTAN.
La ruta atacada tiene una importancia estratégica fundamental. Astracán, en el norte del mar Caspio, es un centro logístico clave entre Rusia e Irán, y el corredor del Caspio se ha convertido en una ruta alternativa para el comercio, la energía y los suministros militares. Los ataques ucranianos contra la infraestructura energética rusa, las amenazas de Estados Unidos e Israel contra la infraestructura de exportación de petróleo de Irán y el estrecho de Ormuz, y la presión militar de la OTAN sobre China son frentes interconectados. Los barcos, los puertos, las refinerías, los oleoductos y las rutas marítimas se están convirtiendo en objetivos directos en una guerra por las arterias de la economía mundial.
La justificación oficial del ataque en el Caspio es que Irán ha suministrado a Rusia drones y otras armas utilizadas contra Ucrania. Pero todos los Estados involucrados pueden esgrimir el mismo argumento. Irán podría reclamar el derecho a atacar objetivos ucranianos o vinculados a la OTAN porque la OTAN arma a Israel y Estados Unidos bombardea a Irán. Rusia puede alegar el derecho a atacar centros logísticos de la OTAN porque la OTAN arma y dirige a Ucrania. Esta es la lógica de la guerra mundial: cada frente se convierte en la justificación para la escalada en otro.
La guerra mundial que se está desarrollando no surge de la supuesta agresividad de un «eje de adversarios», que abarca a Irán, Corea del Norte, Rusia y China, como afirma la prensa imperialista. Tiene su origen en la crisis histórica del capitalismo mundial y en el impulso del imperialismo estadounidense y europeo por revertir su declive mediante la guerra. Irán, Rusia y China están en la mira porque se los considera obstáculos para el dominio de Eurasia y la economía mundial por parte de las potencias imperialistas.
No existe un bando progresista entre los gobiernos capitalistas involucrados. Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia e Israel están librando guerras imperialistas depredadoras. El régimen de Zelensky es un gobierno títere de derecha de la OTAN. El régimen de Putin representa a la oligarquía rusa; el régimen iraní es incapaz de movilizar a la clase trabajadora contra el imperialismo.
Los trabajadores de Ucrania, Rusia, Irán, Israel, Europa, Estados Unidos y China no tienen ningún interés en matarse unos a otros por las ganancias y las ambiciones estratégicas de sus clases dominantes. La tarea urgente es construir un movimiento internacional contra la guerra arraigado en la clase trabajadora, romper con todos los partidos capitalistas, desarrollar comités de base para oponerse a la producción de armas, el transporte militar, el servicio militar obligatorio, la austeridad y la represión, luchar por la liberación de Bogdan Syrotiuk y de todos los presos por oponerse a la guerra, y construir el Comité Internacional de la Cuarta Internacional como la dirección revolucionaria de la clase trabajadora internacional.
Artículo publicado originalmente en inglés el 29 de julio de 2026)
