El funeral oficial del senador Lindsey Graham, celebrado el martes en la Catedral Nacional de Washington D.C., fue un espectáculo reaccionario que pone de relieve ciertas verdades fundamentales sobre la política estadounidense y mundial.
En primer lugar, el imperialismo estadounidense está irrevocablemente comprometido con una política global de militarismo, buscando usar su poder militar en un esfuerzo desesperado por mantener su posición dominante en el mundo, pese a décadas de decadencia económica.
Graham fue uno de los partidarios más persistentes y agresivos de las operaciones militares estadounidenses en todo el mundo, algo resumido en la declaración de Trump, durante su homenaje a Graham, de que “era verdaderamente un halcón; nunca vio una guerra que no le gustara”.
No se trató de un comentario casual ni de una broma, ya que Trump leyó un homenaje evidentemente escrito de antemano, cargado de un lenguaje sensiblero elaborado por sus redactores de discursos. Trump elogió la trayectoria de Graham en el Senado, impulsando un gasto militar récord, enormes recortes fiscales para los ricos y la nominación a la Corte Suprema del reaccionario juez Brett Kavanaugh. Pero su foco principal estuvo en la defensa que hacía Graham del uso del poder militar estadounidense.
En segundo lugar, en los dos frentes gemelos de Ucrania e Irán, el imperialismo estadounidense se encuentra en las etapas iniciales de una guerra mundial dirigida no solo contra Rusia e Irán, sino, en última instancia, contra China, percibida por todas las facciones de la élite gobernante estadounidense como su rival económico y militar más peligroso. La fusión de estos dos frentes quedó señalada esta semana por el ataque ucraniano contra un buque de carga iraní en el mar Caspio.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, justificó el ataque describiendo a Irán como un participante activo en la guerra entre Ucrania y Rusia, debido a que ha suministrado drones de combate a Rusia. Según esa misma lógica, todos los países de la OTAN podrían ser blanco de ataques aéreos por parte de Moscú, ya que han enviado las armas y los suministros que Ucrania utiliza para bombardear refinerías de petróleo, instalaciones militares y centros urbanos rusos.
Tanto Zelenski como el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, viajaron a Washington para asistir al funeral de Graham. Cada uno se reunió por separado con Trump el martes por la mañana, antes de la ceremonia, para plantear sus solicitudes de un mayor apoyo militar estadounidense a la guerra de EE.UU.-OTAN contra Rusia y a la guerra de EE.UU.-Israel contra Irán.
En tercer lugar, las fuerzas más reaccionarias de la sociedad estadounidense están siendo movilizadas detrás del programa de guerra en el exterior y dictadura en el interior. Tras Trump subieron al estrado del servicio fúnebre Sean Hannity, el comentarista fascista de Fox News; Tony Perkins, presidente del fundamentalista Family Research Council; Marjorie Dannenfelser, dirigente del fanático grupo antiaborto Pro-Life America; y el pastor evangélico Franklin Graham, hijo del evangelista Billy Graham.
Toda la ceremonia estuvo saturada de religiosidad cristiana fundamentalista, no solo en las palabras de los oradores y la lectura de versículos bíblicos, sino en el énfasis puesto en la adhesión personal de Lindsey Graham a las “Escrituras”, como dijo Trump, otra palabra poco habitual que sus redactores de discursos le pusieron en la boca. Es bien sabido que lo que más lee Trump no es la Biblia, sino los discursos recopilados de Adolf Hitler.
En cuarto lugar, el programa de guerra mundial contra los rivales del capitalismo estadounidense cuenta con el apoyo incondicional del Partido Demócrata. Destacados demócratas rindieron homenaje a Graham durante una ceremonia en la Rotonda del Capitolio, antes del servicio fúnebre. El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, se sentó en la primera fila y ayudó a colocar una corona floral, y se vio a otros demócratas tocando el ataúd en un gesto de afecto.
Los 100 senadores se reunieron por separado con Zelenski, en una muestra de apoyo a la guerra contra Rusia. Los líderes de ambos partidos anunciaron un acuerdo para aprobar una legislación bipartidista que impone sanciones aún más amplias contra Rusia, con algunas sanciones adicionales contra Irán para asegurar el respaldo de Trump. La primera votación de prueba estaba prevista para el martes por la noche.
“Nos enorgullece anunciar un acuerdo sobre una legislación para impedir que los compradores de petróleo y gas ruso sigan alimentando la maquinaria bélica de Putin, y para seguir restringiendo la capacidad del régimen iraní de apoyar el terrorismo y desarrollar su programa nuclear”, señaló un comunicado bipartidista. “No hay mejor manera de honrar el legado del senador Graham que avanzar con este acuerdo bipartidista, y esperamos con expectativa la votación de hoy”.
El comunicado fue emitido por los senadores republicanos Darline Graham, de Carolina del Sur (hermana de Lindsey Graham y su sucesora designada), Jim Risch, de Idaho, Roger Wicker, de Misisipi, y Katie Britt, de Alabama, junto con los senadores demócratas Richard Blumenthal, de Connecticut, y Jeanne Shaheen, de New Hampshire. Blumenthal declaró que había trabajado con Graham durante más de un año para conseguir apoyo para el proyecto de ley.
La legislación impondría fuertes sanciones a los países que compren petróleo ruso, entre ellos China e India, que se encuentran entre sus mayores clientes, aunque Trump tendrá la facultad de eximir de sanciones a aliados estadounidenses como India e imponérselas únicamente a China si alega motivos de “seguridad nacional”.
En quinto lugar, está el papel de los medios corporativos, que trataron el evento en la Catedral Nacional con el mayor de los respetos. Fox News, por supuesto, transmitió en vivo toda la ceremonia. Todos los noticieros televisivos nocturnos le dieron una cobertura destacada, cuidando de no centrarse en la declaración de Trump sobre el amor de Graham por la guerra. NBC, por ejemplo, ni siquiera la mencionó.
El día comenzó con una nota absurda, cortesía del Washington Post, que bajo su propietario Jeff Bezos es un aliado abierto de la administración Trump. La edición del martes del Post publicó una columna de opinión que afirmaba que Graham era “amado por el pueblo iraní”, firmada por Reza Pahlaví, a quien el periódico identificaba únicamente como “un líder de la oposición democrática iraní”. En realidad, Pahlaví es el hijo del fallecido sha, cuyo régimen policial ensangrentado fue derrocado en 1979 por uno de los mayores levantamientos populares de masas de la historia. No es más “demócrata” de lo que Graham fue “un hombre de paz”, como lo describió Sean Hannity en la Catedral Nacional.
Quizás el aspecto más importante del funeral de Graham, sin embargo, fue el enorme cordón de seguridad que rodeó el evento. El público de la Catedral Nacional fue cuidadosamente examinado, rodeado por agentes del Servicio Secreto y otros cuerpos policiales, para garantizar que nadie que buscara decir la verdad sobre la trayectoria de Graham como defensor del militarismo y apologista de la matanza masiva —incluido el genocidio israelí en Gaza— pudiera acercarse siquiera a kilómetros de la ceremonia.
El oficialismo en Washington, tanto demócrata como republicano, vive en un temor constante de la población estadounidense. Su principal preocupación es que el programa de guerra mundial, que exige ataques masivos contra los niveles de vida y los derechos democráticos de la clase obrera estadounidense, está conduciendo a una explosión de la lucha de clases en Estados Unidos. Y tienen razón en tener miedo.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 29 de julio de 2026).
