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Sheinbaum promete que México “nunca será una colonia”, mientras ofrece a Trump colaboración militar, mano de obra barata y minerales

Mapa que muestra a América del Norte, Groenlandia y partes de América Central cubiertos por una bandera de EE.UU. (Donald Trump en Truth Social). [Photo: Donald Trump/Truth Social)]

En la mañana del lunes, Donald Trump publicó en Truth Social un mapa de América del Norte en el cual México, Canadá, Groenlandia, Islandia y una cadena de islas caribeñas, incluida Cuba, aparecían cubiertos por las barras y las estrellas, etiquetados simplemente como “United States of America”, con el golfo de México renombrado como “Golfo de América”. No había ningún texto que lo acompañara.

Horas antes, cerca de la frontera estadounidense, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, había expresado su deseo de una buena relación con Trump: “En el primer mandato del presidente Trump hubo una muy buena relación con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Y eso es a lo que aspiramos, a una buena relación con nuestro vecino del norte. Coordinación sí, subordinación no”.

En medio de las protestas de Islandia, Dinamarca, Francia y otros gobiernos, Sheinbaum respondió al provocador mapa en X, aludiendo al mes patrio de México: “En el mes de la patria reafirmamos que México no es, ni será, colonia ni protectorado de ningún país extranjero. Somos, con orgullo, un país libre, independiente y soberano”.

La provocación, sin embargo, no es imprevista. Sigue a la propuesta de Trump de renombrar al estado de Nuevo México como “Nueva América”, y a su orden ejecutiva que renombró al lago Ontario como “lago América”. Tres días antes, desde el Despacho Oval, Trump había dicho sobre México:

Perdemos 195.000 millones de dólares al año con México. Si dejara de comerciar con ellos, no perderíamos nada. ¿Tamales picantes? ¿Tomates? Un par de cosas. Básicamente, no tienen nada que nosotros realmente necesitemos. Tenemos petróleo. Lo tenemos todo.

Casi inmediatamente después de su protesta, Sheinbaum volvió a su vacía retórica nacionalista, combinada con subordinación ante Trump.

El miércoles, ella y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostuvieron una videollamada con el secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, sobre la revisión del tratado comercial entre EE.UU., México y Canadá (T-MEC). Ebrard lo describió públicamente como “un cordial intercambio... muy útil para negociaciones comerciales entre ambos países”. Sheinbaum dijo que preservar el tratado convenía a los intereses de los tres países.

Ese mismo día, en Quito, el secretario de Estado, Marco Rubio, emitió una amenaza directa de acción militar contra México. Afirmó que existen “vastos territorios en México que no son gobernados por el Estado” y que están bajo control de los cárteles. Reconoció que las autoridades mexicanas “han hecho más de lo que jamás habían hecho antes”, pero que “todavía no es ni de cerca suficiente”. Concluyó: “Eventualmente, esa amenaza tendrá que ser enfrentada, de una manera u otra”.

Al ser consultada el jueves sobre si consideraba irrespetuosas las declaraciones de Rubio, Sheinbaum se negó a entrar en el tema: “No me voy a meter así. Es, al revés, es decir: vamos respetándonos, cada quien en su territorio, cada quien su elección. México no tiene por qué ser un argumento en la elección de Estados Unidos, porque es al pueblo de Estados Unidos a quien hay que atender”.

La sustancia de la relación, sin embargo, está codificada en la revisión del T-MEC, la guerra comercial con Canadá y la invasión de Venezuela. Las declaraciones de ambos gobiernos reflejan tensiones crecientes, y temores reales en sectores de la clase dominante mexicana de correr una suerte similar a la de Venezuela, donde Washington ha tomado control del sector petrolero, la política económica, exterior e interna.

El 1 de julio, Washington se negó a renovar el tratado por otros 16 años, dejando que caducara hacia una revisión anual, de modo que todo el modelo económico de México, construido sobre un récord de 534.900 millones de dólares en exportaciones a EE.UU. en 2025, depende ahora del asentimiento anual de Washington. Cuando se abrieron las conversaciones formales, el representante comercial de EE.UU. anunció que ambos gobiernos habían acordado negociar “reglas de origen más estrictas para bienes industriales clave, una colaboración reforzada en minerales críticos, y una mayor alineación de la política comercial externa”.

Despojado del lenguaje técnico, esto significa asegurar el acceso estadounidense a insumos mexicanos de alta tecnología para las industrias automotriz, de defensa, electrónica y farmacéutica de EE.UU., así como a litio, cobre, plata y tierras raras. La “alineación de la política comercial externa” significa que México subordine sus relaciones comerciales a la confrontación de Washington con China, algo que Sheinbaum ya ha comenzado a hacer con aranceles de entre el 10 y el 50 por ciento sobre los bienes chinos.

La fuerza de trabajo es la mercancía clave. Los salarios promedio del sector formal en la manufactura mexicana se mantienen en torno a los 2 dólares por hora. México es hoy la mayor fuente de importaciones de EE.UU., y el propósito del “nearshoring” es trasladar la producción fuera de Asia hacia una plataforma de salarios bajos, bajo control militar y político directo de EE.UU.

No hay ninguna contradicción entre las declaraciones de Sheinbaum. El nacionalismo no es una defensa contra la subordinación; es el mecanismo a través del cual se le impone a la clase obrera la subordinación al capitalismo y al imperialismo estadounidense.

La burguesía mexicana no tiene ninguna perspectiva independiente. Sus ganancias derivan precisamente de la función de México como anexo de mano de obra barata y materias primas del imperialismo estadounidense. Lo que teme del mapa de Trump no es la explotación de los trabajadores mexicanos —eso ella misma la organiza—, sino perder su tajada. Por eso combina garantías hacia Washington con llamados patrióticos hacia el interior, envueltos en la defensa de los programas sociales mínimos que la clase dominante concedió en 2018 para contener la oposición de masas.

Esos programas no han alterado las relaciones de clase. La pobreza laboral se situó en el 31,9 por ciento en el segundo trimestre de 2026, con 41,8 millones de personas incapaces de adquirir la canasta básica de alimentos con su salario. El empleo informal subió al 55,1 por ciento, por encima tanto del trimestre anterior como del año previo.

También resulta revelador que Sheinbaum invoque la “muy buena relación” entre López Obrador (también conocido como AMLO) y Trump.

En 2019, bajo la amenaza arancelaria de Trump, AMLO desplegó a la recién creada Guardia Nacional para suprimir la migración hacia EE.UU., convirtiendo a México en el muro fronterizo de Washington. En julio de 2020, viajó al Jardín de las Rosas para celebrar el T-MEC —un instrumento de la preparación estadounidense para la guerra con China— y le dijo a Trump: “Usted nunca ha pretendido imponernos nada que vulnere nuestra soberanía”. Constitucionalizó el despliegue interno del ejército y duplicó su presupuesto. Estableció la mayor zona de libre comercio del mundo a lo largo de la frontera norte, reduciendo a la mitad el impuesto al valor agregado y recortando el impuesto corporativo para competir por la producción relocalizada. También invitó a las Fuerzas Especiales de EE.UU. a entrenar a las tropas mexicanas.

Sheinbaum ha intensificado cada uno de estos elementos. Le aseguró a Trump en diciembre de 2024 que las caravanas de migrantes “no llegarían a la frontera norte”, y su gobierno se jactó de haber reducido la llegada de migrantes en un 76 por ciento. En febrero de 2025, desplegó otros 10.000 efectivos de la Guardia Nacional bajo amenaza de aranceles estadounidenses. Ha transferido a presuntos narcotraficantes presos a custodia estadounidense en tres extradiciones masivas. Detuvo los envíos de petróleo a Cuba bajo presión de EE.UU., pese a ser el principal proveedor de la isla.

La alternativa a esta subordinación fue demostrada la semana pasada, no por Sheinbaum ni por ningún gobierno, sino por los trabajadores. Cientos de camioneros mexicanos transfronterizos, organizándose a través de un grupo de WhatsApp que alcanzó su límite de 1.024 miembros, bloquearon durante cuatro días los cruces de Mexicali-Calexico y San Luis Río Colorado-Yuma, después de que a 17 conductores se les revocaran arbitrariamente sus visas estadounidenses. No apelaron a ningún partido ni a ninguna burocracia sindical.

Eso es un paso adelante. Los trabajadores mexicanos no pueden defenderse cerrando filas detrás de un gobierno que vigila la frontera para Washington y ofrece los minerales del país en la mesa de negociación. La guerra comercial contra Canadá, la toma del petróleo venezolano y la presión sobre México son expresiones de un único proceso: el impulso del imperialismo estadounidense por recolonizar y reorganizar el hemisferio para librar la Tercera Guerra Mundial. Solo puede responderse a esto mediante la unificación de los trabajadores en toda América en una lucha común contra el capitalismo: la lucha por los Estados Socialistas Unidos de las Américas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11/09/2026).

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