Español
Perspectiva

La debacle del imperialismo estadounidense en Irán

Una columna de humo de una instalación petrolera atacada por EE.UU. e Israel en Teherán, Irán, 8 de marzo de 206 [AP Photo/Vahid Salemi]

El domingo, Estados Unidos e Irán anunciaron un acuerdo de alto el fuego en la guerra que la administración Trump inició el 28 de febrero. A pesar de haber matado a más de 3.000 iraníes y desencadenado una crisis mundial alimentaria y energética, Estados Unidos no ha logrado los objetivos por los que fue a la guerra.

El domingo se firmó digitalmente un “memorando de entendimiento”, y el viernes está prevista una ceremonia formal de firma en Suiza. Según se informa, el marco de 60 días prevé la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense y la suspensión inmediata de las operaciones militares, incluso en el Líbano. Compromete a ambas partes a negociaciones posteriores sobre el programa nuclear de Irán, las sanciones y la seguridad regional.

Aún no es seguro que el acuerdo se mantenga. El texto real no se ha publicado. Irán ha afirmado que se han descongelado unos 25.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, lo que Estados Unidos ha negado. Trump ha reiterado que “Irán nunca tendrá un arma nuclear” y advirtió que Estados Unidos “podría atacar Irán de nuevo si fracasan las negociaciones”. Israel, que no es parte del acuerdo, lo ha rechazado y continuó los ataques contra el Líbano el mismo día.

En cualquier caso, el resultado representa un desastre sin paliativos para el imperialismo estadounidense. Es el caso del matón del patio de la escuela que busca una pelea y termina con un ojo morado. El gobierno iraní sigue en el poder. Su programa nuclear está intacto. El resultado más concreto es la reapertura del estrecho de Ormuz, un regreso a la situación anterior a la guerra.

Existe un abismo asombroso entre la fanfarronería con la que se lanzó la guerra y la realidad de su desenlace. Trump prometió que la guerra terminaría con la “rendición incondicional” de Irán. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró el 2 de marzo que Estados Unidos libraba “la campaña de poder aéreo más letal… de la historia” sin “estúpidas reglas de combate”. Días después prometió a los periodistas “muerte y destrucción desde el cielo, todo el día”.

Después de pasar el año intentando derribar al gobierno iraní y de llamar a los iraníes en febrero a “tomar el control de su gobierno”, Trump declaró el domingo al Wall Street Journal: “Nunca me importó el cambio de régimen”.

Los medios de comunicación están llenos de comentarios sobre la derrota del imperialismo estadounidense. El Wall Street Journal la ha calificado de “retirada estratégica sin alcanzar sus objetivos bélicos”. Es la demostración operativa, ante el mundo, de que el período de dominio estadounidense indiscutido que comenzó con la disolución de la URSS en 1991 ha llegado a su fin.

El carácter político de la respuesta de la clase dominante estadounidense queda reflejado en el editorial publicado por el New York Times, en representación del Partido Demócrata, bajo el titular “El presidente Trump perdió esta guerra”. Al Times no le preocupa que la guerra se haya librado mediante asesinatos en masa y magnicidios, sino que haya fracasado.

“Trump cometió un terrible error al iniciar esta guerra”, declara el editorial. “La llevó a cabo de forma temeraria y en abierto desafío a la ley. Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará costos estratégicos durante años”. El Times lamenta que “en el balance general, Irán emerge como el ganador estratégico de la guerra de cuatro meses”. El ejército estadounidense “ha demostrado ser incapaz de aplastar a un oponente mucho más pequeño, incluso después de consumir muchos de sus misiles de precisión de largo alcance e interceptores. El resultado daña la capacidad de este país para disuadir a otros adversarios potenciales”.

La receta del editorial se reduce a la frase: “El Pentágono también tendrá que modernizarse y prepararse para las guerras del futuro”.

Las guerras del futuro. El Times da por sentado el marco de confrontación imperial permanente, sobre todo con China y Rusia, para el que el Pentágono debe “modernizarse y prepararse”. Lo único que se cuestiona es la competencia con que se administra ese marco.

La respuesta del Congreso demócrata opera dentro del mismo marco. El senador Chris Murphy calificó el acuerdo de “esencialmente una rendición ante Irán”. El representante Seth Moulton lo llamó “básicamente un documento de rendición de Donald Trump ante el líder supremo de Irán”. El senador Jack Reed se quejó de que Estados Unidos obtenía “menos de lo que teníamos bajo el JCPOA”, el acuerdo nuclear de la era Obama. Los demócratas respaldaron la guerra cuando se lanzó. Ahora se quejan solo porque terminó sin que Irán fuera destruido.

Hubo una enorme oposición popular a la guerra, pero esta no encontró absolutamente ninguna expresión dentro del marco de la política oficial.

El fin de esta etapa de la guerra no significa el fin de la guerra. El imperialismo estadounidense preparará nuevas guerras para recuperar su posición. El marco del JCPOA de 2015 establecido bajo Obama fue cancelado por Trump en 2018 y allanó el camino para la guerra de 2026. El marco del alto el fuego de 2026 allanará el camino para la guerra que le seguirá.

Sin embargo, las consecuencias más significativas del desastre serán las consecuencias dentro de Estados Unidos.

La guerra se lanzó, en parte, como un intento de frenar el declive estructural del capitalismo estadounidense. El Banco Central Europeo informó este mes que el oro ha superado al euro para convertirse en el segundo activo de reserva mundial, con un 27 por ciento de las reservas globales, frente al 20 por ciento del año anterior. La deuda federal superó el 100 por ciento del PIB en marzo por primera vez desde 1946. El fracaso de la guerra ha acelerado el declive del dólar y profundizado la crisis estructural que la guerra pretendía resolver.

La guerra se lanzó en el contexto de una escalada del conflicto social. En las semanas previas al inicio de la guerra, las manifestaciones masivas contra el ICE se intensificaron tras el asesinato de Renée Nicole Good, una poeta de 37 años, y Alex Pretti, un enfermero de 37 años, a manos de agentes federales en Minneapolis. El lanzamiento de la guerra por parte de la administración Trump fue, entre otras cosas, un intento de desviar esta creciente oposición hacia un febril patriotismo militarista.

La oposición social se intensificará ahora, y se centrará cada vez más en la clase obrera. Los trabajadores de autopartes de American Axle se declararon en huelga este mes. Ferroviarios, trabajadores de la industria cárnica, maestros y enfermeros han hecho huelgas. Wall Street subió el domingo con la noticia del acuerdo, pero los precios de los combustibles y los alimentos siguen muy por encima de los niveles anteriores a la guerra. La inflación PCE (gastos de consumo personal, por sus siglas en inglés) ha alcanzado el 3,8 por ciento, el ritmo más rápido desde 2021. La confianza del consumidor está en mínimos históricos, peor que durante la Gran Recesión o la pandemia.

Los trabajadores han absorbido los costos de la guerra mediante el aumento de los precios, mientras las corporaciones se beneficiaban. El impacto económico alimentará el conflicto de clases en los próximos años, en Estados Unidos e internacionalmente. La misma crisis que produce la guerra está produciendo un movimiento mundial de la clase obrera contra ella.

La administración Trump responderá a la profundización de la oposición social con los métodos que ha demostrado: redadas del ICE, infraestructura de detención masiva, despliegue de la Guardia Nacional contra la protesta interna, criminalización de la oposición política y consolidación del poder estatal autoritario. La derrota en Irán no moderará esta trayectoria. La intensificará. La clase dominante estadounidense, enfrentada al fracaso de su ofensiva imperialista en el exterior, se volverá con renovada ferocidad contra la clase obrera en el interior.

La tarea es la construcción de un movimiento político independiente de la clase obrera que sea internacional en su alcance, socialista en su programa y políticamente consciente en sus objetivos.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de junio de 2026)

Loading